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Terra
La Coctelera

Del capricho humano

Me encuentro en un estado de confusión a causa de la veleidad humana, ánimo caprichoso de quien no quiere hacer frente a una situación que, en principio, le supera, y decide enfrentarse a ella de la manera más pueril posible, es decir, con la pataleta, indignación y rabia correspondientes a un sentimiento impertinente que no se consigue controlar, cuando en realidad se debería dar lugar a la comprensión y la aceptación del hecho desencadenante.

La cuestión es que la debilidad de unos a menudo arrastra consigo daños colaterales, como el río impele las ramas de los árboles que han sido desprendidas durante el invierno; con la desavenencia de que en este caso soy yo misma el madero que sufre sus contradicciones, y ni sé cómo salir airosa de la corriente ni cómo ayudar a encauzar las descontroladas aguas de este incipiente y entrópico mar.

Así pues, sólo me queda tener paciencia y ser comprensiva, hablar cuando sea el momento -con más paciencia si cabe- hasta que el otro comprenda lo absurdo de su actitud y entienda la forma en que repercute sobre los demás, y esperar que la experiencia mitigue las furibundas recaídas del futuro, porque está claro que siempre se cae -más de- dos veces en la misma piedra.

In a graveyard

Aunque nací bajo el signo de Aries mi vida se ve atenazada continuamente por el inexplicable capricho de dos voluntades antagónicas, atenuadas por mi -poca- entereza y -menor- responsabilidad.

Así pues, me muevo siempre entre las aguas del deseo y del rechazo, del amor y del odio, del riesgo hiperbólico y la precaución extrema... Mi vida es como un balancín desequilibrado que sufre los golpes iracundos de un Efesto veleidoso y juguetón, así en la tierra como en el cielo, en la salud y en la enfermedad, en lo trascendental y en lo liviano.

De esta manera, no puedo evitar sentirme hundida transcurridos segundos de una felicidad absoluta, motivada por una realidad favorable en todos los sentidos.

Es por ello que para mí el amor es una droga que me asquea, pues nunca llego a sentirme amada ni embargada por una pasión verdadera, aun a sabiendas de estar recibiendo del otro todo lo que puede dar un hombre - del griego homo, que no andros- de sí mismo; o no puedo evitar sentirme arrebatada por quien, por maldad o indiferencia, no hace más que castigarme con su deletérea ausencia.

Y en otros momentos, como ahora, me debato entre una y otra cara de la misma moneda, viviendo la peor de las tragicomedias, ora hermosa (tocada por la primavera), ora nefanda (bajo las garras del cruel otoño), y todo por una cuestión de insensatez, inmadurez y nada de cordura.

It's been a hard day's night

5:42 de la mañana

Eufórico.

Tras la honda depresión de la desdicha, llega un día en el que te despiertas con ganas de plantarle cara al destino, de hacerte el fuerte y sonreír a los edificios que antes parecían monstruos y; parece mentira, les he sonreído hoy y ellos me han respondido de un modo muy amable. El cielo con aerosol azul, como recién pintado, las aceras nuevas, a estrenar, pulidas y hermosas. Hoy ha sido mi día.

Sí, hoy tampoco he soñado con ella; lo que ha contribuido bastante a mi paz interior. Un día agradable, tranquilo. Trabajo, piscina con mis dos niñas y ganas de sexo.

-Envío un sms desde el oleoso sol de la tarde.

-Receptora: belleza renacentista, rizos dorados, sonrisa de nácar, ojos azules, cristalinos, bla, bla, bla. Bastante desequilibrada, se contradice con facilidad, miente sin habilidad, tiene novio pero no me hace ascos
– todo lo contrario-

Lleva como un mes intentando quedar conmigo pero yo le he dado largas con la impunidad de un gay. Es el momento:

-Envío, "Qué haces esta noxe?"

-Al minuto recibo: "Nada en especial, tiens alguna propuesta?"

-Sexo sucio en la cama de tus padres para quitarte todos los complejos que tienes con una salvaje y rítmica penetración
-pienso-

-Le contesto "Saber qué haces con tu tiempo"...

Me encanta hacerme el guay e interesante con ellas, les da como más morbo saber que no estamos babeando por quedar con ellas, nos desean más: dejamos de ser hombres del montón para convertirnos en retos a conquistar y, es ahí donde nos hacemos el sexo fuerte, en el preciso momento en el que dejamos de ser los manipulados para pasar a ser los que manipulan:

-Contestación "a las 9:30 en la puerta d mi casa, t viene bien?"

Je, je, je; ya ha picado el anzuelo, si las mensajes se entrecruzaban en menos de un minuto, ahora va a esperar. Crucigrama con mis niñas. Se va una de ellas, transcurren unos treinta minutos.

-Contesto "ok, quizá llegue unos minutillos tarde, espérame fuera"

Es la contestación de jefazo. Me encanta.

Salgo no sin antes tener la duda de si ducharme o no ducharme. No llevo calzoncillos lo que ya da un punto de higiene, los sobacos me apestan a aliento de león: desodorante oldspice. Huele fatal, a viejo, pero tapa más o menos los hedores de la manga corta. Bastante colonia nenuco por todo el cuerpo, agua en la greñas y alehop! a la calle.

Trovador, soy un puto trovador. Un parque lejano, mi guitarra y cantar canciones de alejandro sanz: “Ven te daré todos mis sueños... que vivo de ilusiones... amiga mía... ella, se desliza y se hace eterna... se le apagó la luz, tembló y no llega la camilla... bajo la lluvia y bajo el sol la margarita dijo no”... en fin, no supone ningún sobre esfuerzo para mí tocar la guitarra pues me encanta y, la cara que ponen cuando les llegas a la fibra sensible no tiene precio.

-"Tú, tú no eres como los otros" pensarán.

No, que va, me he aprendido las canciones de alejandro para cantárselas a la luna y que me guiñe un ojo, no te jode. Lo único que quiero es penetrarte... así debería ser el nombre del próximo trabajo de Alejandro Sanz.

Yo por supuesto no doy ni el más mínimo indicio de acercarme a ella, si se acerca giro la cabeza, si me pone una mano en la pierna, ligeramente la muevo para que la quite: sutileza. Les jode un montón, en ese momento has de ser suyo como sea o, gravemente joderás su autoestima de mujer. Al final hubo mal royo y se fue a su casa, 10 minutos que tardó en llegar a pata y... mensajito al canto:

-"Si quieres verme mañana salgo a las 11:30 de no sé donde"
-sonrío- Son todas iguales.

Una y algo de la noche, ¿Me voy a casa? ... mataría por un gintonic de bombay con tónica... mmmmm, Kronen, después de más de medio año sin tomarme un pelotazo hoy, mira por donde, voy a ir expresamente a ver quién veo y, de paso, me tomo un revitalizante cacharrazo.

Aparco: pinta bien, el coche de un buen colega de farra en la puerta. Buen royo que te cagas. Mis colegas, sorprendidos al verme con mi GINTONIC en la mano. ¿Has vuelto? Sonrío. Sonrisas conjuntas, "capitán lujuria" -que es mi apodo alcohólico- surcando el aire en brindis y risas. Saludos; se torna la calma y vuelve la normalidad, nos miramos, hablamos... Pues sí, he vuelto al alcohol, de puntillas, que no de putillas, pero he vuelto.

Suena el canto del loco. Qué raro... miro a la cabina: una niñita con cara de follar hasta no decir nunca jamás basta, pidiendo temas; es muy común pero, lo mejor es cuando ésta sale y se pone a hacer un baile pornográfico con una amiga. Dios... que le den al "repeat" al puto canto del loco y que las dos maravillosas flores no paren de contonearse en toda la noche, qué maravilla.

Empiezo a echar miraditas a una; me las contesta dulcemente. Mi polla comienza a activarse es decir, a ponerse morcillona. Tiene la carita muy dulce pero pícara, un culo de infarto, un tanga que mordería hasta hacerlo confeti, y un movimiento de caderas que con sólo recordarlo, me podría cascar un paja Express en este instante.

Una de ellas está liada con un soplagaitas... lo contemplo ante mis narices: a tal revuelo de curvas, el bar entero ha hecho corrillo para verlas y, el novio, ha tenido que ir corriendo a mear las esquinas y marcar el territorio pero, no es mala noticia, no lo creáis. La otra niña me mira, le sonrío, me sonríe, va al baño, espero, sale, me hago el tonto, va a pedir, pone el cuerpo ligeramente inclinado apoyado sobre la barra, se pone casi en pompa, llego por detrás, pongo las dos manos en la barra quedando ella entre mis brazos y mi polla, apretada fuertemente contra su culo. Me mira sesgado, me sonríe. Nos presentamos, hablamos, bla, bla, bla, cómo te llamas, bla, bla, bla, qué estudias, bla, bla, bla, cuántos años tienes, bla, bla, bla.

Aguanto lo que puedo hasta que me dice

-"Qué vas a hacer ahora?"

Mi polla morcillona comienza a levantar los grados de apertura. Yo, con acento argentino respondo,

-"No lo sé, si vos me proponés un buen plan me lo pensaré" sonríe.
(Cuando estoy borracho hablo con acento porteño, me encanta y a las niñas les gusta mucho más).

-Nos vamos ya a mi casa, está fuera mi amiga con su novio, ¿te vienes? Me contesta.

Me hago de rogar, (un poco): no soy gilipollas.

¡Bien! camino de la resi de estudiantes; mientras conduzco ella me toca la espalda y me da mordiscos por donde puede, yo me hago el tonto, el estrecho. La otra parejita lleva un rollo muy raro: están discutiendo y metiéndose pullitas todo el rato.

Querían porros, matarían por porros; me aburren. Aparecen dos desaprensivos pidiendo hielo, ellos tienen porros, va a producirse un change. Hasta ahí perfecto, lo malo: pasan a casa de ellas e intentan entablar una conversación. Veamos, no hay que ser muy listo: habéis venido a por hielo, a cambio nos habéis dado hachís. Se acabó la operación, os podéis largar, somos dos chicos y dos chicos, vosotros sois muy feos y reprimidos. Al final una de las dos, con la violencia del alcohol exclamó:

- Y éstos, ¿de dónde han salido?

Tener en cuenta el grado de borrachera que llevaban.

- Aquí alguien sobra. –exclamó otra de ellas tapada con una manta en un sofá-

Al fin, captaron la indirecta. Se despidieron muy educadamente y se marcharon. Momento porro, fuman, se lo van pasando, soy el puente que lo traslada de un grupo a otro.

-¿Por qué no fumas?

-Es una historia muy larga.
-realmente lo es-

Por fin, mi chica sube las escaleras, emite ruidos muy violentos. Miro a la parejita y se están mirando; rápidamente me escabullo hacia arriba. Cuatro puertas cerradas, la de la izquierda tiene las llaves puestas y el llavero moviéndose, debe ser aquí. Abro la puerta con el miedo de encontrarme quién sabe quién o quiénes.

-¿Se puede? –pregunto tímidamente-
-Pasa. –responde con dulzura-

Está tapada, parece que vestida, me siento en la cama que no debe ser más grande que una de ochenta. Me pongo a horcajadas sobre ella.

-Tengo que ir al baño. –me dice-
-Ok, te espero aquí.

Se quita la manta y está en tanga. Dios que culo, mi ciruelo comienza a cobrar vida cilíndrica. Se levanta, cierra la puerta y se oye cómo va al baño.

Me quedo solo en la habitación, empiezo a observar la mesilla: gafas, eferalgán, un spray muy raro que huele a piña, colillas apagadas sobre la madera de la mesilla… abro el primer cajón de la mesilla para mirar los tangas. Sorpresa: me encuentro con un consolador rosita, unos veinte centímetros de largo, muy finito. Mi cabeza se dispara en espasmos de deseo. Menuda pedazo de zorra que acabo de conocer, tiene que tener más vicio que una garrota. La cosa promete. Oigo sonidos desde el baño. Lo cojo, lo miro, lo toco, lo huelo; huele a látex, a plástico, pensaba que iba a oler a su chirri mojado. Me la imagino zumbándose el cacharro todas las mañanas y todas las noches en su vagina hasta gemir de placer. La espero con la polla –la mía- con una erección equina. La oigo volver, guardo el consolador y adopto una postura de espera.

Llega. Se mete en la cama. Después de haber visto lo que guarda en el cajoncito de su mesilla no hay duda: directamente le deslizo el tanga hasta los pies y ahí está, su coñito depiladito y empapado. Empiezo a meterle un dedo, gime, le muerdo el cuello, paso de besarla en la boca porque está muy borracha y yo no beso a borrachas. Le meto la mano bajo la camisa, agarro sus tetas, las tiene blandas pero con el grado de rigidez adecuado, se quita la camisita de tirantes: pechos redondísimos, la cuadratura del círculo en esencia. Las aprieto mientras mi dedo investiga por las grutas de su vagina.

-Súbete encima. -me dice-.
-Súbete tú.

Prefiero que empiecen ellas arriba por si les duele
–tengo la polla bastante gorda y a veces me da problemas-

Se sube y se la mete todo lo que puede, comienza a botar como una loca. Con todo el vicio que puede tener una cría de 20 años, mucho, mucho, mucho. Bota y bota, me dice:

-Deberías ponerte una gomita.

Sí, pienso yo, espérate un momento y me lo recuerdas. La agarro con fuerza y violencia hacia mi cuerpo y, con un ritmo frenético pero acompasado, comienzo a penetrarla. No vuelve a decir nada del condón, sólo gime, y dice constantemente “no pares”. La saco y la meto, tanteo el culo. La apoyo sobe el culito y comienza a entrar, no se queja y se introduce con facilidad la puntita; esta se va hoy con el culo folladito; mi polla está tan dura que podría fabricar espadas con ella a base de golpetazos contra un yunque. Me la follo con violencia, como si la estuviera violando. Ella gime y gime, se corre y se corre.

Aclaración: no es que sea Zeus todo poderoso follando sino que tomo una medicación que hace que pueda follar sin correrme durante varias horas con lo que las chicas siempre se quedan flipadas, siempre quieren repetir.

Le doy la vuelta, se pone boca arriba, me la vuelvo a follar con fuerza, la araño, la tiro del pelo fuerte: le está encantando. Le vuelvo a dar la vuelta, mi postura favorita: boca abajo y con el culito levemente en pompa, el pomelito empapado y folladito se entrevé en la oscuridad. Restriego mi polla contra su coñito hasta llegar al agujero del culito; estoy más excitado que un cura en una clase de preescolar. Empiezo a metérsela sin lubricante ni nada, sólo un buen gapo deslizado con suma discreción por mi dedo. Se introduce sin problemas, hasta el fondo, ¿no le duele? Me pongo burro, muy burro y ella gime más burra. Le pregunto:

-¿Va bien?
-Hazme lo que quieras, fóllame por donde quieras. –contesta-

Yo dejo de ser hombre para convertirme en un primate con la única motivación que otorga el placer. Me la follo por el culo y cuando me canso, por su lubricadísimo pomelo; alterno, estoy gozando.

Al final, después de medio litro de sudor resbalado por mi frente y caído en su espalda, me dice:

-Córrete, córrete donde quieras, lléname el coño de leche.

Palabras mágicas, mis ojos en blanco. Le agarro las caderas y se las subo, queda totalmente en pompa, ofreciéndome íntegramente su licuado coño. Rodeo mis piernas con las suyas, se las aprisiono, se las inmovilizo. Con la mano izquierda le cojo fuertemente lo pechos, con la derecha le agarro la cara para que me mire de medio lado. Empiezo a apretar, no puedo meterle más porque no tengo más polla: mi pubis se empotra contra sus nalgas, gime como una perra. Cada vez voy más rápido, más rápido, más rápido: se me contraen los músculos de las piernas y los brazos. Le hago daño, se lo noto pero también noto que no le es desagradable. Le muerdo la espalda y expulso dentro de su vagina millones de desorientados y alcoholizados espermatozoides mientras me retuerzo en contorsiones y temblores espasmódicos agarrándola con la fuerza de un oso.

-Eres la ostia, tío. Me voy el día diez y lo tenemos que aprovechar: me pudes follar cuando quieras y como quieras.

Me la cascaré pensando en ésto.

Al final se durmió, me levanté, me vestí y, sigilosamente, salí de la casa. Ella no se dio cuenta. Le pregunté varias veces si me oía y la única respuesta era un conato de ronquido que irá desarrollando con la edad.

It's been a hard day's night